Pienso por un momento que es el chófer o el ayudante de mi padre que viene a mi encuentro para llevarme a él.
La raíz dramática de la escena la ejemplifican a la perfección estas líneas: “No reconozco nada en él.
Pero es mi padre en cuerpo y alma, un padre idéntico a la ciudad donde lo he puesto a vivir todos estos años: la ciudad fantasmal donde lo tiene atrapado, en venganza por su ausencia, mi cabeza.
Por MARCOS GIRALT TORRENTE
Aquí está frente a mí, reaparecido después de estos años, aunque no sea él ni sea yo quienes nos encontramos realmente en la posada oscura, sino nuestros fantasmas recíprocos, el del padre que fue y el del hijo que fui, tratando de tocarse en las sombras”.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/15/fotorrelato/1444921300_027998.html
