Israel no está más cerca de la paz que hace tres años.
Y Netanyahu sigue en ese apartado tan pesimista como hace tres años.
“Espero que mi momento de mayor orgullo llegue cuando haya paz en mi país”, dijo.
Se esmeraba en fomentar su otra obsesión personal: el cambio digital para consolidar a Israel en una potencia tecnológica mundial.
Repitió la palabra paz una veintena de ocasiones, con convencimiento, consciente de que era una voz solitaria en un país cada vez más escorado a la derecha.
Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/28/actualidad/1475086835_062748.html
