Y sé que la arquitectura no necesita ni metáfora, ni narrativa –que dicen ahora– ni hablar con símbolos y signos.
¿Cómo puede un político dejar un legado tan antagónico como una residencia sensata y una Ciudad de la Cultura prepotente?
Me he preguntado también si una cultura debe suplantar a otra anterior o la puede abarcar.
Cuando a uno le preocupa la construcción de la arquitectura, defiende lo más rotundo para conseguir lo más sutil.
Manuel Gallego representa un modelo de arquitectura ética avalada por medio siglo de proyectos.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/12/eps/1455274951_887577.html
