Trump, por su parte, ha roto los principios republicanos entusiastas del libre comercio para asegurar que, para empezar, romperá con el Nafta.
Economistas como el Nobel Joseph Stitglitz critican que se hable del enfado de estos últimos como un sentimiento anticomercio, en proteccionista, en sentido peyorativo.
En Estados Unidos los beneficios de la globalización han quedado sobre todo en unas manos, y los perjuicios, en otras distintas.
Pero también hay quienes argumentan que, aunque esos acuerdos aceleren el proceso, muchos de esos empleos se hubiesen ido igualmente a China.
El estadounidense de clase media mira la precarización de su sueldo y maldice los acuerdos que favorecieron la fuga de actividad fabril.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/10/15/estados_unidos/1476482585_281294.html
