En la cárcel de Santa Martha de Acatitla, la presa Juana Barraza Samperio, de 59 años, prepara tacos de guisado.
Adoró a la Santa Muerte, fue vendedora de palomitas e incluso combatió en lucha libre con el nombre de La Dama del Silencio.
Hija de una alcohólica que la vendía de niña al mejor postor, en sus crímenes siempre vestía de rojo.
Lo suyo son los tacos de guisado de lunes a miércoles.
Pero la actividad que más energía le consumió y que la hizo entrar en la historia fue matar ancianas.
Fuente original: México: 48 asesinatos después, La Mataviejitas se divorcia | Opinión | EL PAÍS
