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Peregrinar al Santuario de la Virgen de Juquila es presenciar que los milagros suceden todos los días

*Luego de seis días de camino, la peregrinación de la familia Villanueva cumplió 40 años de visitar a la Virgen de Juquila. *Caminar es reencontrarte y que te acompañen tus muertos, olvides tus miedos, te aísles del mundo virtual. *Es un verdadero milagro saber que tu persona es el verdadero milagro.

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Pedro MATÍAS

XOXOCOTLÁN, Oax. (pagina3.mx).- No hay palabras para describirlo. Las emociones se agolpan. El llanto fluye sin contener. Todos los sentidos están a flor de piel. La respiración es jadeante y el palpitar galopante, pero ahí estás, de rodillas ante el altar de la Virgen de Juquila.

Con los pies zurcidos y el cuerpo adolorido después de seis días de caminar, llegamos por el sostén de la fe. Aunque agotados y temblorosos, pero con la fe inquebrantable se cumplió la palabra de postrarnos ante su altar.

El camino parecía interminable, pero los milagros sucedieron todos los días.

La peregrinación 2022 de la familia Villanueva cumplió una promesa más de caminar, surcar veredas, serpentear montes, cruzar ríos, curtirse la piel con los rayos del sol o del frío.

Nada importó con tal de llegar al Santuario y postrarse ante el altar de la Virgen de Juquila.

Después de 275 mil 591 pasos (210 kilómetros) y de presenciar conciertos de perros, de gallos, de aves del bosque, de grillos y de loros, pero, sobre todo, de ser testigos de que los milagros suceden, de cómo el cuerpo se regenera, cómo las fuerzas y energías se recobran y se cumplió esta misión de fe.

El Santuario de la Virgen de Juquila es uno de los más visitados en el país.

Los Santuarios más visitados en México son:
  • Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México.
  • Santuario de la Virgen de San Juan de Los Lagos, en Jalisco.
  • Santuario del Santo Niño de Atocha, en Plateros Fresnillo, Zacatecas.
  • Santuario de Cristo Rey, en Silao, Guanajuato.
  • Santuario de la Inmaculada Concepción de Juquila, en el estado de Oaxaca.

Según cuenta la historia:

“En 1526 llegó al pueblo de Amialtepec el fraile Jordán de Santa Catarina, quien ocupó los servicios de un humilde campesino. En agradecimiento por el trabajo, el religioso le obsequió al trabajador una imagen de la Purísima Concepción que había sido tallada en España. Éste la colocó en su humilde jacal, que tiempo después sufrió un incendio que redujo a cenizas todo lo que poseía, con excepción de la imagen. Ésta presentó sólo ligeras quemaduras. Al enterarse del milagro, los habitantes de Amialtepec y los pueblos circunvecinos comenzaron a venerarla”.

INICIA EL PEREGRINAR

Horas antes de partir, precisamente cuando mi hermano Pastor Matías me dio un raite al rancho de la familia Villanueva, encendió la radio y casualmente estaba sintonizado el programa De Frente, en el Heraldo Radio donde Mario Jiménez entrevistaba a migrantes venezolanos que llevan tres meses de travesía en busca del llamado “sueño americano”.

Esa casualidad me hizo reflexionar que familias enteras dejaron su tierra en busca de un “sueño americano” sin importar que en su travesía encuentren peligrosos obstáculos.

Dejaron todo. Pasan fríos, hambres, estigmas, discriminación y hasta violencia.

En cambio, en esta peregrinación nos movió la fe a sabiendas que los sacrificios o introspección será temporal, de solo seis días.

Todos los sentidos están alerta en espera de que el despertador anuncie que ya es hora de levantarse.

Son las 02:30 de la madrugada del viernes 25 de noviembre. Se activan las alarmas de los teléfonos celulares. Llegó la hora de subir maletas. Don Edmundo Fidencio Ruiz y doña Maximina Coronado (doña Chimina), ya están listos con la cocina y las colchonetas.

Luego de un rezo, la señora Asunción Hernández, mejor conocida como doña Concha Villanueva, proporcionó un bálsamo espiritual para limpiar nuestro camino como lo ha hecho los últimos 40 años.

Juntos, 11 personas de fe, emprendimos el viaje a pie. Otras dos, la cocinera y el chofer, viajarían en la camioneta con el equipaje y alimentos, mientras que en esta ocasión Chucho (Jesús Manuel Gómez Castillejos) decidió acompañar la peregrinación en su camioneta apoyando en las necesidades de las personas caminantes.

El reloj marcaba las 03:31 horas cuando emprendimos el camino. Un concierto de ladridos rompió el silencio de la madrugada.

La mano derecha sostenía la lámpara para alumbrar el camino y aunque el servicio meteorológico advertía de algunos frentes fríos, pasaron inadvertidos.

A las 06:50 horas, a la entrada de Santa María Roaló, Zaachila, ya nos esperaba doña Chimina con café caliente y pan. Fue un descanso de 20 minutos y a continuar antes de enfriarse o de que arreciara el sol.

Alrededor de las 09:00 horas, doña Chimina nos esperaba con el almuerzo en San Pablo Huixtepec. Hasta ahí ya llevábamos 37 mil 229 pasos.

A las 10:00 de la mañana el sol caía a plomo, pero eso, lejos de debilitarnos nos dio energía para proseguir el polvoriento camino, la aventura de fe.

Al paso de este peregrinar redescubrí imágenes que me hicieron regresar a mi infancia: Las cercas de carrizo o de tunillos sacaron de mi memoria recuerdos inolvidables y, por supuesto, me hicieron revivir a mi abuela Concha (Concepción Esteva Gómez).

Saboree las tortillas bajaditas del comal -como las que mi abuela Cocha hacía para vender-, una salsa molcajeteada, unas rajas con huevo acompañadas de frijolitos de la olla, un café caliente o un tunate (tuna roja). Lloré solo de sentirla de nuevo. A partir de ahí, ya no me abandonó, me acompañó todo el camino.

Poco antes de llegar a Valdeflores pasó una carreta cerca de unos tunillos enormes que me hicieron recordar a mi hermano Chafay (Rafael Matías Arrazola). Lo vi corriendo en el terregal siempre sonriente. El Chafay, quien se encuentra ya en otra dimensión, se sumó a mi comitiva. Nunca estuve solo, pero ahora iba más que acompañado.

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A las 12:54 llegamos a Santa Ana Tlapacoyan. El cansancio ni lo sentía, el paisaje era un bálsamo. El campo de agave, el monte sombreado con espesas nubes.

Antes de entrar al pueblo, cortamos ramas de algunos árboles. No sabía en ese momento para qué.

Al llegar a una capilla cada quien se rameó todo el cuerpo y al final se tiraron al piso para dejar el cansancio y continuar el camino.

Luego de 12 horas de caminar, ya deseaba descansar. Buscaba con ahínco un letrero o algo que me anunciara que estaba cerca de Ayoquezco de Aldama.

Un mototaxi con la leyenda de Ayoquezco que pasó cerca de un Banco Bienestar me dio una bocanada de aire para continuar. A las 14:50 horas, finalmente llegamos a Ayoquezco, donde íbamos a pernoctar.

Fueron 68 mil 042 pasos que di en casi 13 horas de camino. Ya nos esperaba doña Chimina con la comida: un caldo de res, tlayudas, salsa molcajeteda, chapulines y agua de jamaica.

Luego de darse un baño en uno de los negocios públicos que hay en esa comunidad procedimos a descansar para salir nuevamente de madrugada. A las 4 habría que levantarse para continuar el viaje.

Todavía estaba oscuro cuando pasamos por Santa Cruz Nexila.

Ya en un descanso doña Concha me preguntó ¿Pedro, te acuerdas? Yo sin ningún reparo contesté ¡sí!

La interrogante salió a la plática porque Daniel Lazo sintió algo extraño al pasar por un arroyo seco. Sintió que lo observaban. Como es su primer año que camina en una peregrinación, se le contaron varias circunstancias extraordinarias que algunos peregrinos hemos vivido.

Le explicamos que apenas el 14 de enero se hizo la peregrinación 2021, es decir hace unos 10 meses antes caminamos por estos mismos rumbos y es que por la pandemia de la Covid-19 se impidió la peregrinación en 2020 y en 2021 por disposiciones del Arzobispado de Oaxaca.

La peregrinación se pospuso para salir el 14 de enero de 2022. Justo a las 03:27 horas del viernes 14 salimos del rancho Los Villanueva rumbo al Santuario de la Virgen de Juquila.

Era evidente la actitud positiva, el ánimo, las ganas de cumplir con un acto de fe.

En esa ocasión, después de dormir en el corredor del palacio municipal de Ayoquezco, poco antes de las cinco de la mañana levantamos las colchonetas, cobijas y bolsas para continuar el camino.

El grupo comenzó avanzar, los únicos rezagados éramos yo y la esposa de Fernando de Jesús (El Chori). La pareja comenzó a detenerse constantemente porque la esposa del Chory se lastimó el tobillo. Pronto me vi solo, pero al pasar por un arroyo seco, escuché el ruido de un resbalón en la arena, lo que me obligó a voltear inmediatamente y alumbrar a mi alrededor. No había nadie, ni miedo. Solo el asombro.

Al clarear el alba, mientras almorzábamos en el Vado comenté el suceso. La respuesta fue contundente: Es Marcos (Villanueva Serrano), Armando (Martín López) o Arturo (Gómez Castillejos). Nunca nos dejan. Aunque ya no están en este mundo siempre nos acompañan.

De hecho, dice doña Concha, cuando salimos del rancho lo primero que les dijo: “Marcos, Armando y Arturo, ¡vámonos!”.

Dani Lazo sintió que se le erizó la piel con el relato y continuamos el camino rumbo al Vado donde almorzamos, mientras que en el trayecto el concierto de los cantos de los gallos anunciaban un nuevo día.

Algo raro, una sombra, una energía negativa percibió doña Concha, que se detuvo antes de subir al cerro del Obispo. Pidió permiso a la montaña, a la naturaleza, nos frotamos del bálsamo y avanzamos.

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En el trayecto, pregunté porqué le dicen Chory a Fernando de Jesús, una persona leal y él a su modo, entre risas, desmadre y experiencia de fe, relató:

“Vine a ver a la Virgen de Juquila y llegamos ahí al Pedimento y estaban ahí haciendo sus casitas de barro. Pero había una familia que quería mucho: casa, tráiler, coche, y dije, chale este compa de un putazo quiere todo. Y dije en mi mente puro chorizo le van a dar porque quiere todo”.

Y ni bien doy la vuelta y escucho: “¡Ahí está, ahí está!” cuando de repente llegaron los ministeriales todos de negro y dijeron “a ver hijos de su pinche madre” y cuando veo que es a mí, que empiezo a empujar y que me pelo, pero por más que le hice, que me agarran y me dan con la culata de la metralleta en la espalda y que me azotan y de ahí me llevan del Pedimento a Juquilita amarrado”.

“Bueno, lo cierto es que de que llegué, llegué a Juquilita” y desata las risas. “Pero eso no fue todo. Y ahí me la aventé como 10 días porque fue como a principios de la fiesta, me aventé toda la fiesta, encerrado y gritaba tengan cuidado con sus carteras».

Y después se pone serio: «me avente dos años en la cárcel y luego me liberaron porque era inocente”.

“Desde ahí me dio miedo carnal, por eso sabe uno de que si viene uno es a lo que viene, porque si titubeas te va mal, hay pedo. De eso ya tiene como unos 15 años”, remató.

Al comenzar a subir el cerro del Obispo fue una penitencia. Llegó un momento que nos dejamos tirar en el cerro, otros abrazaban a los árboles para recobrar de ellos la energía.

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Nunca estuvimos solos porque las y los peregrinos se multiplicaban. Unos llevaban en la espalda la imagen de la Virgen en bulto en su nicho, otros en madera, unos más en sus mochilas.

Venían de Puebla, de Veracruz, de Chiapas, de Oaxaca capital, es decir de Tlacolula, Mexicapan, colonia Monte Albán, Santa Lucía, Xoxocotlán.

Nunca faltó una palabra de aliento: “Ya falta menos”, “vamos, usted puede”, “gusta agua”, “tenga una mandarina”, “tenga gatorade”, es el milagro de conocer el lado bueno de las personas.

Pasamos paisajes donde los árboles se vistieron de Navidad al estar copados de pasle, un tipo de musgo natural con el que se adornan los nacimientos en esta temporada decembrina.

Conforme avanzamos nos topamos con una peregrinación de Santa Lucía en la que iba una perra, “canela”, se llama.

Mucha fue mi curiosidad al preguntarle que si la perra iba en la peregrinación, la respuesta fue sí y es su cuarta caminata.

Su dueña cuenta con orgullo que hace cuatro años realizó una peregrinación a pie, ella sola, su hija y una sobrina. Al pasar por Ayoquezco se les pegó la perrita y se fue con ellas hasta Juquila, en los años siguientes continuó la caminata.

Es la cuarta peregrinación que hace La Canela. Ya la hemos subido a la camioneta para que no se sacrifique, pero se sale y nos alcanza, relata su dueña.

Pero se debe cansar demasiado, le pregunto. “Sí y mucho porque también en el trayecto si ve una ardilla la persigue, corre y salta, pero cuando llegamos a descansar se duerme y hasta ronca. En ocasiones sus patitas están muy temblorosas, pero cuando salimos ahí va de nuevo, solo le damos croquetas y agua.

Llegando a Sola de Vega sentimos que ya es tiempo de descansar pero todavía faltaba llegar a Los Reyes, donde pernoctamos. Ahí las mujeres de la comunidad aprovechan la vendimia para realizar en enero su festividad.

No es negocio de familias es de la comunidad para obtener recursos. Ahí llegamos las 17:00 horas y llevábamos 65 mil 368 pasos. Caminamos 12 horas.

De nuevo salimos de madrugada y al internarnos en el bosque el olor a pino ocote, encinos, ahuehuetes oxigena el cuerpo y hasta el alma.

La meta es llegar a Los Morales.

Antes pasamos por el Cerro de la Preñada, donde existe un venero donde se extrae agua. Ahí doña Marisol Ramírez  Romay explicó que las mujeres que desean tener familia toman o dejan sus peticiones: hay ropa tejida, zapatitos, muñecas, mamilas y otro tipo de objetos de bebés.

Ya en la cumbre del cerro, entre la neblina, sobresale una cruz  donde se vuelve uno a ramear para descender hasta el “ojo de agua» donde existe una capilla de la virgen, donde descansamos unos instantes antes de continuar las veredas hasta llegar a Los Morales donde dormimos.

Ese día solo caminamos ocho horas. Fueron 29 mil 669 pasos.

En la madrugada del 28 de noviembre salimos rumbo a San Pedro Juchatengo. En el trayecto descubrimos paisajes extraordinarios y escuchamos lo mismo conciertos de aves del bosque que de loros o de grillos. Ahí llegamos alrededor de las 13:30 horas. Fueron 34 mil 806 pasos.

Al salir de Juchatengo, luego de una hora de camino, regresó a su casita una imagen de la Virgen de Juquila que mi sobrina Anahí Rodríguez se trajo a Oaxaca para su restauración y que mi prima Xóchitl Cruz Matías vistió con un vestido bordado.

Luego de una oración, encenderle una veladora y depositarla en su capillita, continuamos el viaje. Hicimos una parada en el cerro de los Novios. Ahí se pide para tener una pareja.

Pasamos por riachuelos, bosques y caminamos un tramos grande de carretera hasta llegar a San Pedro Yólox. Eran las 17:12 horas. Fueron 41 mil 326 pasos, según marcó la tecnología del teléfono celular.

El miércoles 30 salimos de madrugada rumbo a Juquila. Comenzamos a caminar por veredas. En un momento desafortunado doña Mago tomó otra vereda. Don Oswaldo Mendoza López y doña Concha la buscaron. Daniel quiso regresar a buscarla también. Decidimos avanzar para que Chucho regresara a buscarla en la camioneta.

Después de un tiempo se logró comunicación con doña Mago que agarró el rumbo hacia El Vidrio, pero ya había tomado una camioneta a Juquila.

Avanzamos, unos tomaron un camino sinuoso, otros decidimos tomar un atajo; en ambos lados hubo riesgos, pero finalmente al mediodía entramos a Juquila. Dimos 36 mil 380 pasos ese día.

Después de seis días de caminata, al llegar al altar sentí una abrumadora quietud, paz interna, al comprender que los milagros existen, que el milagro de vivir no necesita de cosas materiales, sino el milagro está en nuestro cuerpo que respira, que ve, que escucha, que regenera cada una de sus células para que nuestra perfecta máquina corporal accione con cierta divinidad.

 

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