La OEA, símbolo de la época anterior en que predominaba el monroísmo, ha quedado como un relicto del servilismo ante Washington.
La fructífera visita a Cuba del Papa Francisco, la inédita elección de un pontífice latinoamericano y su cercanía a los anhelos de nuestra América no puede desligarse de los profundos cambios ocurridos en ella desde 1999.
Igualmente lo es la iniciativa del propio presidente ecuatoriano y de su par uruguayo, Tabaré Vázquez, de reunir a sus homólogos Santos y Maduro y acordar medidas que conduzcan a la solución del conflicto en la frontera colombo-venezolana.
Correa y Vázquez, actúan como presidentes pro témpore de la Celac y la Unasur respectivamente, organismos que ni siquiera existían antes del giro iniciado en la región con la llegada de Hugo Chávez (1999) y, posteriormente, otros líderes, al gobierno de sus países, en la cresta de la gran ola de luchas populares contra el neoliberalismo.
Ese es el contexto histórico de su censura integral al sistema actual de explotación y su defensa de la naturaleza y los seres vivos de la extinción con que los amenaza el culto al consumismo y al derroche y su decidida intercesión en el logro y avance de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/24/opinion/026a1mun
