Tal vez por ello el titular de la Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, prefiere jalar las luces del espectáculo por otros caminos más redituables.
Si hacemos cuentas de este breve tiempo de gobierno, podríamos hablar de que Monreal ha denunciado, un día sí y otro también, o casi, todo lo que se le ha puesto enfrente.
En los primeros 20 días de este primer mes de gobierno, ha encontrado las mejores formas de entretener al respetable, y por allí, según sus cuentas, ganar simpatías para convertirse en jefe de Gobierno en 2018.
Lo malo es que él, que fue gobernador de Zacatecas, diputado y senador, y además es licenciado en leyes, no sabía que si depositaba, como hizo, el dinero que misteriosamente halló en la delegación, en un banco, las posibles pistas para identificar a quien o quienes amablemente le fueron a dejar el paquete en la Cuauhtémoc se perderían y los responsables de un posible ilícito quedarían impunes.
Primero el supuesto o real –serán las autoridades las que determinarán si hubo tal– saqueo en las oficinas delegacionales; despuecito halló un equipo de espionaje en su despacho –cómo me recuerda a Ramón Sosamontes, que encontró lo mismo y luego se hizo amigo de Carlos Ahumada–; otro día se topó con más de millón y medio de pesos de presunta procedencia anónima, por lo cual armó la denuncia en contra de quien resulte responsable.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/20/opinion/034o1cap
