El Informe global sobre la corrupción en el deporte, elaborado por Transparencia Internacional, apunta que desde 1990 el fútbol profesional español ha ingresado más de 1.000 millones mediante la recalificación urbanística.
Los constructores y patrones inmobiliarios estaban en ambos lados de la mesa, en Valencia, en Madrid o en el litoral mediterráneo.
Así se entienden horrores (impunes, por cierto) como el Nuevo Mestalla en Valencia.
Se cobran en frecuentar palcos el esfuerzo por no enterarse de nada.
Este es el fútbol real, el que permite fichajes estrambóticos o caprichosos, y el que no se dignan mirar los cronicones exultantes que transpiran entusiasmo ante cualquier jugada del idolillo pagado (al menos en parte) con la burbuja inmobiliaria.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/25/opinion/1456428808_964498.html
