En el caso de Los papeles de Panamá la filtración ha resultado esclarecedora, no sólo porque exhibe conductas cuestionables, si no es que abiertamente delictivas, de individuos pertenecientes a esas clases dominantes, sino también porque muestra el carácter profundamente inmoral del sistema económico vigente.
En un mundo en el que las élites políticas y económicas tienen por práctica común encubrir información y ejercer, con ello, una ventaja indebida sobre el resto de las sociedades, los ejercicios de transparencia resultarán siempre benéficos y, por principio, saludables.
Es posible que las acusaciones continúen y se multipliquen, en la medida en que aún falta por sacar a la luz una porción considerable del material filtrado por una fuente hasta ahora anónima, según informaron ayer los periodistas del rotativo alemán Süddeutsche Zeitung, responsable de la filtración.
En efecto, mientras en la mayoría de los países el común de los ciudadanos padece un encarnizamiento fiscal y los efectos de recortes presupuestales de sus gobiernos (circunstancia que se agudiza en naciones dependientes y periféricas como México), las élites gozan de situaciones de privilegio fiscal, como la exhibida por los documentos sustraídos a la firma panameña.
La revelación de Los papeles de Panamá –una megafiltración de registros de la firma consultora Mossack Fonseca, con sede en ese país centroamericano, sobre el uso de empresas fantasmas y triangulaciones de dinero por políticos, empresarios, delincuentes y personalidades de la farándula– ha tenido el efecto colateral de generar una discusión sobre el origen, los efectos y las posibles agendas ocultas detrás de las filtraciones.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/09/opinion/002a1edi
