Si mis respuestas no la satisfacían buscaba a mi primo –también es médico–, y así con todos.
A esta columna escribe Gabriel Corona: “Hace algunas semanas mi madre, platicando sobre mi abuela, dijo: ‘ya quiero que se muera’.
Ante la pérdida de clientela, la Iglesia católica se flexibiliza y el Vaticano anuncia el perdón del aborto y agilizar las anulaciones matrimoniales.
Platicábamos, dibujaba, leíamos, pero es muy desgastante tenerle toda la paciencia, así que dejé de hacerlo.
Hubo un tiempo en que decidí visitarla una vez a la semana en plan de terapeuta.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/14/opinion/038o1soc