Don Miguel de Cervantes deja en claro que sus obras se estructurarán de acuerdo con una visión no patriarcal de la identidad.
El cuestionamiento de la autoridad se perfila en el primer capítulo, donde la historia de don Quijote se vislumbra como el producto de autorías diversas en versiones divergentes.
Más adelante aparece como escenario el Toledo de Carlos V, ciudad fortificada que ejemplifica el tema centralizante e inmovilizador del Estado moderno.
Cervantes, con tal planteamiento, denuncia con una lucidez sorprendente el asunto de la violencia del poder basada en la centralidad y la fijeza del logofonocentrismo al que se aferrará toda la cultura de Occidente apuntalada en la metafísica tradicional.
Personajes y discursos que se desdoblan, descentramiento de la razón y la certidumbre, cuestionamiento sobre la paternidad, la autoría, el centro y el margen aparecen en Cervantes, quien con estos planteamientos se coloca desde hace 400 años, como antes se dijo, como un precursor de la deconstrucción preconizada por Jacques Derrida basada en Sigmund Freud.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/08/opinion/a06a1cul
