En estos dos años el gobierno federal ha tenido oportunidades de limpiar su propia investigación y las ha desperdiciado todas.
Entre las sucesos lamentables que caracterizan desde ahora a este sexenio y que serán marcas históricas indelebles, la más dolorosa e indignante es sin duda la que evocan las toponimias de Iguala y Aytozinapa, asociadas a una cifra: 43.
Las versiones oficiales elaboradas tanto por el gobierno estatal como por el federal han sido sistemáticamente derrumbadas por sus propias contradicciones e incoherencias, así como por los aportes de investigadores mexicanos y extranjeros.
Por si fuera poco, el entorno de los 43 ha sufrido diversas campañas de difamación, emprendidas desde el conglomerado de medios hasta hace poco adeptos al poder, que han pretendido presentar a las víctimas como delincuentes y a sus padres como individuos manipulados por intereses oscuros e inciertos.
Pero las innumerables movilizaciones, protestas y reuniones con funcionarios de diversos niveles emprendidas por los padres de Ayotzinapa han topado una y otra vez con la opacidad, con el escamoteo de la verdad y con el constante aplazamiento de acciones orientadas a esclarecer, procurar justicia y castigar a los culpables.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/09/26/editorial-iguala-barbarie-irresuelta
