Ningún caso se explica sin la intervención, en algún momento del pasado, de la mano interesada de los países dominantes.
Difícilmente puede decirse algo tan llano, tan contundente y tan preciso.
Si las sociedades del mundo no se sacuden ese poder aparentemente inexpugnable, seguirán navegando en la exigüidad y el sufrimiento dantesco.
La forma en que pueden las sociedades del mundo quitarse de encima al uno por ciento y sus ejércitos de lacayos es un rompecabezas endiablado.
Este mundo no puede más con la estructura de poderes actual y las cosas deben cambiar pronto, aunque hoy no veamos más que brumas del futuro.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/19/opinion/018a1pol
