Uno de los grandes logros de toda transición democrática fue la formación y consolidación de partidos políticos.
Pese a todo esto, la historia ha demostrado una y otra vez que los partidos son indispensables.
De manera que me atrevo a afirmar de entrada que los partidos son absolutamente indispensables; un imperativo en todo régimen que se quiera democrático, y que su desaparición sería letal para nuestras aspiraciones democráticas.
Es cierto que este cambio, que muchos han aplaudido como si fuera el fin de los vicios del régimen partidista vigente, puede debilitar a partidos ensoberbecidos por la impunidad que nos agobia; tal vez, oriente a los partidos hacia un sano revisionismo.
De nuevo podemos extraer lecciones de otras experiencias, por ejemplo la española, como lo hicimos del proceso de democratización de 1975-1978, pero en lugar de examinar las causas que llevaron al resurgimiento y a la consolidación de los partidos, ahora toca mirar a las razones de su descrédito y debilitamiento.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/24/opinion/021a2pol
