Ante el relevo presidencial en la máxima potencia mundial, hay la convicción generalizada de que, gane quien gane este día, los cambios con respecto a la administración de Barack Obama serán para peor.
El único contraste real en los propósitos de ambos candidatos es entre el acento aislacionista de Trump y la actitud globalizadora de la ex secretaria de Estado.
Clinton, por su parte, aunque más moderada en las expresiones, es una operadora política de los intereses corporativos y una política belicista e injerencista más próxima a las posturas republicanas tradicionales que a las de su propio partido, el demócrata.
El aspirante republicano amenaza con desmantelar los programas sociales puestos en curso en los últimos ocho años, atropellar las libertades civiles para imponer un gobierno claramente autoritario, emprender una reforma fiscal que consolide los privilegios de las grandes fortunas, quebrantar los frágiles acuerdos con Irán, perseguir a los migrantes como si fueran criminales, especialmente los musulmanes y los mexicanos, e incluso ha amagado con una guerra en contra de nuestro país.
Frente a ese conglomerado de votantes los sectores más lúcidos de la sociedad estadunidense fueron incapaces de dar un impulso definitivo al interesante movimiento ciudadano impulsado por el senador Bernie Sanders y terminaron entregando la postulación demócrata a una veterana del establishment,carente de credibilidad y simpatía, y que tiene entre sus antecedentes haber votado en favor de la guerra contra Irak que emprendió George W.Bush y haber sido responsable, en buena medida, de la destrucción de Libia mediante una intervención armada injustificable.
Fuente original: EU: lo malo y lo peor – La Jornada
