Sólo que, en mi caso, el impulso antimáquina fue siempre en el fondo menos presentable, menos colectivista que los luditas.
Parecía una muñequita… Tan linda… Tan ormamental…Los mandarines chinos, por su parte, se dejaban las uñas larguísimas.
Pero haiga sido como haiga sido , los luditas me caían bien.
Y en cambio los aristócratas optaban siempre por la exuberancia, por el sombrero de ala ancha coronado con una bella pluma blanca, por el monóculo, el maquillaje, el botín y la cadena de oro.
Se decía que los comandaba un personaje robinhoodesco conocido como el rey Ludd, que operaba desde el propio bosque de Nottingham.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/23/opinion/017a2pol
