Eduardo Contreras
Aunque son insuficientes los avances en el tema de igualdad, equidad y género, las mujeres poco a poco han ganado terreno, y también han obtenido el respeto de los hombres sin no antes pasar por la discriminación, cómo ha ocurrido en el tema laboral, como sucede diariamente en San Juan Bautista Tuxtepec.
En el tema de la construcción, el sexo femenino abarca un considerable porcentaje de espacios laborales, al igual que Carmen, Luciana y Andrea, otras mujeres que son el pilar de su casa, han tenido que buscar una fuente de ingreso, un trabajo de lo que sea, en este caso el ramo de la construcción.
De acuerdo con Ricardo Triana Girón, dirigente del Sindicato de ese rubro y perteneciente a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) federación Tuxtepec, la presencia de mujeres en el gremio crece día con día, donde precisamente un 20 por ciento de las personas afiliadas son mujeres.
Reconoció que sus cargos y labores son un poco más sencillos que los desempeñados por varones, por apenas comienzan a tomar partida, pero aun así, sus actividades las realizan con esmero y la misma calidad que los hombres.
Carmen, una de las mujeres “ayudantas” de maestro de albañilería, comentó que en el trabajo de la construcción todo es igual para todos “todos vamos entre hombres o mujeres, no porque seamos mujeres hagamos cosas diferentes, no, se carga el bote de mezcla, quizá no completo, pero todo igual”.
En cuanto a los salarios –dijo- hay lugares donde pagan mil 300 o mil 400 para los ayudantes, parejo para hombres y mujeres, sólo cambia cuándo se es maestro albañil.
Andrea, otra de las mujeres que trabaja en la albañilería, señaló buscó este tipo de trabajo porque es un “poco” mejor pagado “hay trabajos en casas, pero te matan trabajando y pagan muy poco, en cambio aquí es difícil, pero pagan más”.
Narró que comenzó como ayudante de albañil; hacía mezcla, la revolvía y la pasaba con carretilla, pintamos o nos vamos a poner techos y hacer pisos, lo mismo que hace un varón, todas estas actividades con el único fin de llevar un sustento para su casa, para sus dos hijos que hoy asisten a la escuela y todavía dependen de ella.
“En un inicio los hombres dicen, ¡esas viejas, no aguantan nada no hacen nada¡ pero luego se tragan sus palabras, porque si podemos, al final nos dicen: estábamos equivocados, nuestros respetos para ustedes”, compartió.
