A pesar de las cuatro décadas transcurridas, de los procesos judiciales a que fueron sometidos los principales mandos de la dictadura luego de la reinstauración de la democracia formal y de los esfuerzos por la recuperación de la memoria, la herida sigue abierta.
El actual gobierno es partidario de poner fin a los juicios y las sentencias a violadores de derechos humanos y el propio Macri proviene de una familia que realizó pingües negocios al amparo del régimen militar.
Por lo demás, a pesar de la derrota del kirchnerismo en las elecciones presidenciales del año pasado, los sectores populares y progresistas no han dejado de movilizarse para resistir el autoritarismo y los lineamientos económicos del actual presidente.
En los siguientes siete años la nación argentina se vio sumida en lo que muchos consideran el periodo más trágico de su historia, que culminó con la caída de la junta militar tras la derrota sufrida en las islas Malvinas.
El cuartelazo del 24 de marzo de 1976, cabe recordarlo, contó con el activo respaldo del empresariado y del gobierno de Estados Unidos, encabezado en ese entonces por Gerald Ford, quien tenía como secretario de Estado a Henry Kissinger.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/25/opinion/002a1edi
