Julio López Arévalo
Del zapatismo recuerdo casi todo; desde la llamada telefónica de Conchita Villafuerte al general de la VII Región Militar, alertando de que algo estaba pasando en el zócalo de San Cristóbal de Las Casas, hasta el día que me corrieron de Proceso, diez años después.
De los 20 años restantes, no sé casi nada; más allá de lo que como ustedes leí en los medios de comunicación o lo que me han contado los amigos, entre ellos, recientemente, el Mayor Mario.
En mi mente está registrada como fotografía que no estuve el 31 de diciembre ni el 1 de enero, en el -para mí- sorpresivo alzamiento del EZLN.
Viajaba entonces por los estados de Guanajuato y Michoacán.
Mis primeros recuerdos son del 3 de enero de 1994 y tienen que ver con un viaje a Altamirano, Chiapas, en una reliquia de VW que unos meses atrás había adquirido.
Varios grupos de zapatistas encapuchados y armados salían a la orilla de la carretera y nos preguntaban si el EZLN ya había tomado la Cdmx y si ya habían ganado la guerra; es decir, si ya habían derrotado al Gobierno Federal.
Me tocó estar en Ocosingo y en los bombardeos de la Sierra del Sur, en San Cristóbal de Las Casas.
En éste último lugar, me veo con mi amigo Rodrigo Vera, con quien curamos el miedo con unos tragos, en mi casa de Jardines de Vistahermosa.
Pronto, muy pronto llegó el cese al fuego y las negociaciones de paz en Los diálogos de Catedral.
Fue entonces que conocí al subcomandante Marcos y a la recién creada Comandancia Indígena.
Después, en la ya talada Selva Lacandona, conocí al Mayor Mario y a cientos de guerrilleros, la mayoría mal armados.
“Esos Procesos llegan a donde el Ejército Federal no puede llegar”; fueron las primeras palabras del Mayor.
En San Miguel, Ocosingo, vimos por primera ocasión a Marcos de cerca. Estaba esperándonos en un talud de la carretera, fumando su inseparable pipa con tabaco olor a maple.
Salvador Corro fue el primero en advertir su presencia, en medio de la total oscuridad.
“Ya está aquí. Huele a tabaco raro”; creo fueron sus palabras.
De lo memorable, entiendo, fue otra entrevista, en la que Guillermo Correa se sacó un diez.
Esperábamos que nos recibiera el Sub y en medio del fastidio sugirió escuchar la radio. Fue así que nos enteramos del ataque a Luis Donaldo Colosio.
El Sub nos recibió en medio de una oscuridad absoluta, y nos dijo algo así: Están en el peor lugar, en el peor momento.
Le replicamos lo contrario y Germán Canseco lo dejó casi ciego a punta de tanto usar el flash.
Al final Marcos se desquitó, usando la misma cámara del querido Terror.
Esa vez, y es lo último que les cuento por ahora, fue el Mayor Mario el que le avisó del momento de la muerte del candidato presidencial por el PRI.
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