Un 11 de septiembre hace 100 años, en plena efervescencia revolucionaria, nació José Luis Ceceña.
Cambiaban tradiciones, imaginarios, modos de alimentarse, de relacionarse con el entorno, de curarse con las plantas, de criar animales, de pensarse políticamente.
La Convención de Aguascalientes había evidenciado visibles contradicciones entre los diferentes proyectos de futuro de las fuerzas revolucionarias y tanto la unidad de la nación como su derrotero estaban en disputa.
Las inversiones extranjeras habían empezado a fluir un poco antes de iniciado el siglo XX.
Semejante vecino para una nación que apenas alcanzaba a definir sus equilibrios internos era una tremenda amenaza, que se combinaba con las diferencias de concepción de las fuerzas revolucionarias.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/12/opinion/014a1pol
