La disputa por la hegemonía política con miras a 2018 entra, a esta altura del sexenio, en ebullición.
Los reacomodos en las burocracias partidistas, con las últimas designaciones de los mandos priístas, completan el panorama respectivo.
No parecen ambos contingentes partidistas alinearse para el calibre de una competencia que ya los rebasa sin disculpas que valgan.
Con ella misma habrá que calibrar la capacidad para conducir el proceso sucesorio que tiene el actual gobierno.
También los triunfadores de la pasada contienda ocuparon, sin glorias y varias penas, las curules y sillones ejecutivos ambicionados.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/14/opinion/020a1pol
