Pocas ocasiones aparece tan evidente la necesidad de decir: de tal maestro, tal discípulo (véase su Ángel María Garibay: La rueda y el río, 2012, con Patrick Johanson).
Al padre Garibay no sólo debemos el portento cultural de León-Portilla; otros discípulos suyos son Sergio Méndez Arceo, Octaviano Valdés y los hermanos Méndez Plancarte.
Serían simultáneos la publicación de su magna Historia de la literatura náhuatl en dos tomos, y su encuentro con el joven León-Portilla.
La verdadera conversión de León-Portilla no fue a la filología, la historia o cierta antropología, sino a la literatura.
A diferencia del maestro, el molde de investigación y escritura de León-Portilla es el náhuatl.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/22/opinion/a09a1cul
