Llegado ese momento, si Lula no está ahí para ser la cara de los suyos, el Partido de los Trabajadores, la que fuera la agrupación de izquierdas más grande y poderosa de Latinoamérica, pasará a ser una marca más conocida por la corrupción.
También era el enésimo recordatorio de que si, llegado 2018, Lula cumplía su intención de presentarse como candidato oficial de su agrupación, el Partido de los Trabajadores, era un peligro para el resto de aspirantes a gobernar Brasil.
Entonces Lula pasó a un segundo plano y el país se volcó en el impeachment a Rousseff, que perdió el cargo a finales de agosto.
Por haber pasado, de forma espectacular, de una aprobación del 80% en 2010 al 8% cuando Dilma Rousseff encaró el impeachment en el agosto pasado.
Y esas son las únicas dos acusaciones que, por ahora, han pasado a trámite.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/09/21/america/1474491456_484707.html
