EFENueve días Pocos días después la Fiscalía reconoció su error y lo puso en libertad.
Foto personal de Miguel frente a su casa cedida por el autor“Lo peor fue comer, dormir y defecar en el suelo frente a los demás”, recuerda Miguel a El País.
Miguel dejaba atrás el apodo, el maldito apodo de pandillero, que lo mantuvo 59 días por error comiendo, durmiendo y defecando en un espacio mínimo, compartido con 70 mareros.
Miguel vivió 59 días en una celda, conocidas como bartolinas, con 70 personas.
El día de la masacre, Miguel había ido a comprar camarón y había estado ayudando a su madre en la fonda, como cada día.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/08/19/america/1471628553_441896.html
