Hace tres años, a mis 33, los análisis empeoraron bastante.
Mientras trasladaba el riñón de un quirófano al otro, el cirujano a cargo, según me contó luego, pensó: «¡Qué riñón tan hermoso!
A sus tres años ya corretea por todas partes, se sube a cualquier murete y pega unos balonazos propios de un delantero centro.
Y ahí se produjo el otro reencuentro que tanto ansiaba: por fin pude ver a nuestro hijo Lucas, de tres años, que se había mantenido al margen de todo este episodio.
Lo que sí tenía claro era que el riñón no era la mejor parte de mi donante.
Fuente original: Mi mujer me ha donado un riñón y no se me ocurre la forma de agradecérselo | Verne EL PAÍS
