Diana Manzo
Benito Juárez, San Miguel Chimalapa, Oax.(pagina3.mx).- Todo es verde y tranquilo, el cántico de las aves se escucha por doquier, así es el ambiente que rodea a los pueblos que cuidan la selva de los Chimalapas, pero sus habitantes no tienen un acceso digno a la salud, no hay ambulancia ni personal médico de tiempo completo.
San Antonio y Benito Juárez son dos agencias municipales donde viven indígenas zoques que enfrentan la desigualdad a la salud.
Enfermarse por un ataque al corazón o tener un parto complicado en estas dos zonas enclavadas en la montaña de Chimalapas es riesgoso, porque no hay ambulancia y tampoco servicio médico de tiempo completo.

El camino es vasto pero está en mal estado. Llegar a ambas localidades es tardado, entre 3 y 4 horas desde el municipio de Juchitán de Zaragoza, pero usando camionetas.
La forma más fácil de transportarse es en motocicleta, transporte que es riesgoso para las embarazadas.
La doctora adscrita al Centro de Salud de Benito Juárez es de contrato y únicamente llega 20 días, el resto del mes es la enfermera quien brinda atención básica, pero no hay suficientes medicinas.
La preocupación de los comuneros es que el contrato de la doctora finaliza el 31 de diciembre y, como cada año, demora de tres a cuatro meses para que les asignen nuevo personal de salud, así ha sido desde hace cinco años.
“Aquí necesitamos personal de salud de tiempo completo y no de contrato”, expuso el agente municipal, Antonio Jiménez Jiménez.
Señala que es una incongruencia que tanto Benito Juárez como San Antonio sean comunidades que cuidan la selva, pero que carecen de acceso digno a la salud.
Además de la salud, también demandaron la rehabilitación del camino, que son 41 kilómetros hasta la carretera federal panamericana a la altura de el poblado de El Jícaro.
Para subsistir siembran maíz, frijol y calabaza, y ante la pandemia han explorado la siembra de jitomate que venden en poblados de Oaxaca como Zanatepec, Tapanatepec y Juchitán, ubicados a dos y tres horas de distancia.
También son beneficiarios del programa Sembrando Vida y ambas localidades cuidan una Zona de Área Natural Protegida de 15 mil hectáreas llamada El Cordón del Retén.
“Ojalá las autoridades de salud nos hagan caso, nos escuchen, la salud es prioritaria para nosotros.
“Vivimos en medio de un bosque donde es de difícil acceso y lo menos que nos pueden proporcionar es una salud digna, es nuestro derecho humano”, concluyeron.

