Que sí, que no, que quién sabe.
En la quietud bruja de la noche, la luz blanca de la plaza iluminaba el regateo de que sí, que no, que quién sabe, y que no hubo toro de regalo.
El juez dijo que siempre no, que la empresa decía que no.
La plaza al parte que la tarde,vibraba fuerte, violenta,y entre el olor de la sangreiba el olor de la sierra.
El torero pidió el toro, el juez se lo concedió.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/15/opinion/a39a1dep
