Ana Luisa Cantoral
OAXACA, Oax.- Mientras el gobierno de Oaxaca se empeña en maquillar cifras y promover al estado como destino cultural y turístico de primer nivel, la realidad en sus calles contradice el discurso oficial.
Esta semana, el testimonio de un creador de contenido uruguayo encendió las alarmas sobre una creciente ola de violencia que afecta incluso al corazón de la ciudad: el Centro Histórico.
“Me asfixiaron, me secuestraron, me tiraron en otro lado”.
En un video de apenas 90 segundos publicado en Instagram, Nachotravels, un influencer uruguayo especializado en viajes, narró con voz entrecortada la pesadilla que vivió en Oaxaca:
«Me sacaron del Centro, me asfixiaron, me robaron todo, me tiraron en otro punto de la ciudad. Fue terrible.”
El ataque ocurrió en el segundo anillo del Zócalo, una zona que, en teoría, cuenta con vigilancia policial constante y presencia de seguridad.
Sin embargo, no fue impedimento para que un grupo delictivo lo interceptara, lo asaltara con violencia y lo abandonara kilómetros más lejos, despojado de sus pertenencias.
Una historia repetida: “Eres la número 8 que me escribe esto”, respondió @nachotravels a una de las personas usuarias en su cuenta oficial de Instagram.
Lo realmente escalofriante es lo que vino después.
“Eres la número 8 que me escribe esto”, respondió Nacho a una seguidora que también fue víctima de robo. La lluvia de mensajes no paró.
«A mí me asaltaron el 10 de julio, en el Centro”,
“Me pasó lo mismo”,
“A mí también me tiraron lejos después de robarme”…
El video, que rápidamente se volvió viral, destapó una cloaca que muchos oaxaqueños y turistas han intentado denunciar sin éxito. Según relató el propio Nacho en sus redes:
“Eres la número 8 que me escribe esto… A mucha gente le robaron en Oaxaca para estas fechas.”
Cuando acudió a presentar la denuncia, se encontró con un dato aún más alarmante: varios extranjeros estaban en la misma situación.
“Pero claro, ni hacen nada”, añadió, refiriéndose a la inacción de las autoridades.
Un comentario destacado, firmado por el usuario @sharro88, aporta otro testimonio inquietante:
“A mí también me robaron en Oaxaca el 10 de julio, en el centro. Esos que roban son los brazos del gobierno actual. Son parte del gobierno aunque no figuren en la nómina oficial. Cada político trae sus propios trabajadores.”
La seguridad, otra promesa incumplida
Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), la violencia en Oaxaca no es percepción: es estadística.
Los robos con violencia aumentaron un 23% en el primer semestre de 2025, en comparación con el mismo periodo de 2024.
En el municipio de Oaxaca de Juárez se han registrado más de 850 denuncias por robo a transeúnte en vía pública en lo que va del año.
El estado se encuentra entre los primeros cinco lugares a nivel nacional por delitos cometidos contra turistas.
Y, pese a este panorama, la respuesta institucional ha sido el silencio.
No hay posicionamiento oficial del gobierno estatal sobre el caso de Nachotravels.
Tampoco lo hubo cuando medios locales reportaron casos similares ocurridos durante la Guelaguetza, ni cuando organizaciones civiles exigieron mayor seguridad para visitantes y residentes.
¿Crimen organizado o crimen autorizado?
Más allá de los números, la narrativa que emerge de las calles es aún más preocupante.
Oaxaca parece haber normalizado una red de violencia urbana tolerada.
«Son parte del gobierno”, insisten testigos y víctimas. “No figuran en nómina, pero operan con total impunidad.”, señalan.
Si bien no hay pruebas judiciales directas que liguen a funcionarios con estos hechos, el patrón de omisión, la falta de acción y el encubrimiento sistemático levantan sospechas legítimas sobre una red de complicidades que trasciende lo delictivo y roza lo político.
Por otro lado, hubo muchos usuarios mexicanos que le pidieron disculpas por lo que le sucedióNacho, incluso coincidían en que los mismos mexicanos son rehenes del nuevo gobierno.
Mientras el gobernador de Oaxaca presume estabilidad y seguridad desde el escenario de un concierto patrocinado con recursos públicos, las calles de su capital arden. Y no por fiesta, sino por miedo.
Este nuevo caso no es anecdótico ni aislado.
Es un síntoma claro de un modelo de seguridad fracasado, donde la vida, el patrimonio y la dignidad de locales y extranjeros quedan a merced del crimen, mientras las autoridades ensayan discursos.
Porque, aunque el gobierno diga que en Oaxaca «no pasa nada», lo cierto es que pasa de todo… y no pasa nada después.
