La victoria nos daría la gloria y la derrota sería algo duro de digerir, pero al final no pasó ninguna de las dos cosas.
Lo que nosotros sí teníamos es un desfibrilador, por suerte o, más bien, por el empeño del presidente del club, Antonio Pérez de Tudela.
Por suerte, en el campo había varios ángeles de la guarda que consiguieron mantenerme con vida.
Cristóbal, mi entrenador físico, fue a por el desfibrilador y volvió en 20 segundos en una carrera de olimpiada.
Al menos en Murcia, donde la Federación de Fútbol va a garantizar que haya desfibriladores en cada estadio, por pequeño que sea.
Fuente: http://verne.elpais.com/verne/2016/08/25/articulo/1472133279_633183.html
