En medio de esa tierra arrasada que es hoy Venezuela, un país que vive una profunda crisis humanitaria, es casi un consenso: La revolución bolivariana fue una ilusión posible mientras duró el festín petrolero.
Poco a poco limitó el poder económico de sus adversarios y concentró en el Estado casi toda la actividad productiva.
Si Maduro coloca de nuevo a Venezuela en la ruta de las democracias liberales estaría cediendo el poder que con tanto afán acumuló su sucesor.
Los más inescrupulosos se dedicaron a simular importaciones para recibir dólares preferenciales que luego revendían en el mercado negro.
El comandante presidente había vivido quizá las 72 horas más rocambolescas de su vida.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/03/05/america/1457162191_602426.html
