Pedro Matías
OAXACA, Oax. (pagina3.mx).- A pesar de contar con una gran cantidad de programas sociales de combate a la pobreza y de instalar grandes proyectos como la Refinería “Antonio Dovalí Jaime” y 27 proyectos eólicos en Oaxaca, particularmente en la región del Istmo de Tehuantepec, las brechas de desigualdad y pobreza no solo se han ampliado sino que incluso se profundizaron.
En su Informe “Desigualdad extrema y tendencias de desarrollo”, Oxfam México y Servicios para una Educación Alternativa (EDUCA), centraron su atención en el estado de Oaxaca donde iniciativas como las Zonas Económicas Especiales (Zee) solo atentan contra las costumbres de las comunidades, conlleva problemas ambientales y pueden originar aún más polarización del ingreso, esto sin contar que a los habitantes de la región no se les ha consultado.
El informe fue centrado en los municipios de Salina Cruz, Juchitán de Zaragoza y San Mateo del Mar, en donde se midió el nivel de pobreza, el acceso a la alimentación, la calidad de los espacios, lo que derivó en que se reflejaran resultados que indican que el “gasto social no ha sido ejecutado de manera equitativa”.
Esta situación coloca a Oaxaca como uno de los estados con desigualdad extrema en un país con desigualdad más alta del mundo
Aunque la Iniciativa para las Zee busque desarrollar económicamente a los territorios rezagados, los beneficios parecen recaer en particulares y externos, mientras que los habitantes locales se han visto del todo relegados, no se les ha consultado sobre la instalación de los requerimientos de los proyectos que, entre otros problemas, conllevan despojo de tierras, desplazamiento, exclusión y constantes violaciones a los derechos humanos, en especial hacia grupos indígenas.
Mencionaron que la Refinería “Antonio Dovalí Jaime”, es uno de los centros petrolero más importante en el país y ha convertido al puerto de Salina Cruz en uno de los municipios con mayor crecimiento económico de Oaxaca desde hace décadas. No obstante, también ha generado nuevas brechas de desigualdad.
Y es que la economía se encuentra desarticulada, pues aunque los recursos que genera impactan a los servicios, éstos suelen tener poco valor agregado. La producción local ha disminuido y las consecuencias negativas al medioambiente no se han hecho esperar: la pesca de camarón, una de las actividades principales de la región, se ha visto severamente afectada por la contaminación de las aguas y ha dejado sin empleo a los istmeños. Aunado a lo anterior, los habitantes de la localidad no figuran como proveedores de mano de obra calificada, por lo que no han contado con la oportunidad de incorporarse a las actividades de la zona, lo que los deja en rezago y desprotegidos. La única opción de empleo con la que han contado es ejercer labores en la construcción, dejándolos, por ejemplo, sin acceso a seguridad social y representando solamente opciones temporales de empleo que no les permite acceder a mayor ingreso.
Mientras que los proyecto eólicos han convertido a la zona del Istmo como la principal generadora de energía; si embargo, no ha generado derramas económicas en la región.
Al contrario, a causa de este megaproyecto, los zapotecos e ikoots se han movilizado porque no se los ha consultado sobre la instalación de los aerogeneradores. Asimismo, se han visto despojados de sus tierras y sienten una clara amenaza a sus formas tradicionales de subsistencia; a saber la agricultura familiar y la pesca artesanal.
Mencionaron que la disputa por las tierras ha sido otro factor de descontento, toda vez que habitantes de San Mateo del Mar y de Juchitán de Zaragoza han sido amenazados y despojados de sus tierras. Las rentas que las compañías extranjeras ofrecen a los dueños—que es gente de las comunidades—aunque ínfimas, han agudizado las brechas de desigualdad (el costo debería de ser de 3.9% y el pago que se ofrece en la región hoy oscila entre .025% a 1.5%).
Otra de las preocupantes violaciones a los derechos que han sufrido los habitantes del Istmo por los generadores eólicos es la nula importancia que se ha dado a su cosmovisión cuando para los ikoots, la tierra es sagrada.
En conclusión, el informe revela que la pobreza no sólo tocas los ámbitos de ingreso, sino los de los derechos sociales y humanos; aunado que las inversiones económicas han polarizado a Oaxaca, y ninguna región deja de presentar serias carencias.
Destacaron que la desigualdad en la distribución de ingreso ha sido mayor a la media nacional y la población indígena es a la que más le aqueja el tema de la desigualdad, del rezago social, de la pobreza y de la pobreza extrema.
Hicieron hincapié que a nivel federal, el gasto público aún es muy pobre en política social y los programas han resultado poco efectivos. En cuanto a lo estatal, la Estrategia Bienestar para el Combate ha disminuido su presupuesto y la gente local no participa y a nivel municipal, hay prácticamente nula coordinación entre los tres municipios, no hay recaudación y la ciudadanía no conoce los programas.
Esto sin contar que las inversiones que se han hecho en el Istmo de Tehuantepec no han tenido los efectos positivos que se esperarían en las comunidades porque la refinería en Salina Cruz no ha logrado impactar en el bienestar de la población; los proyectos de instalación de aerogeneradores de energía eólica constituyen una amenaza a las tradicionales formas de vida en la región y la Iniciativa de Ley zee puede asimismo impactar negativamente en el Istmo al potencializar el rezago y la marginación.
