Así que durante tres días lo enteré de todo y cuando le pregunté que le parecía el proyecto, con lenguaje totalmente castizo, me dijo “j….
.r, esto sí que es un cañonazo y ojalá que me permitan asistir a varias de las juntas”.
Y ahí, a exponer, a dialogar, a referirnos a la fiesta en México y el deseo de internacionalizarla, dedicando mucha de la programación del acontecer en otras latitudes taurinas.
Y así fueron pasando los días, hasta que una tarde, de buenas a primeras, se presentó en una de las reuniones el periodista Fernando Fernández Román, quien poco –por no decir que nada– sabía del proyecto.
Y se lo permitieron.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/03/opinion/a06o1esp
