Paradójicamente, Trump en lugar de realzar la pretendida excepcionalidad estadunidense, la ha expuesto como el artificio que es.
No logran explicarse el progreso, en apariencia imparable, de Donald Trump, ni el empuje popular con que ha barrido a los demás precandidatos republicanos, que en esta ocasión fueron más de diez.
Las primeras etapas de la campaña presidencial en Estados Unidos han sido una sorpresa para todos.
El éxito del demagogo Trump es prueba de que ni el régimen político ni los ciudadanos de Estados Unidos son inmunes a un mal que ha atacado a muchos: la creencia de que para transformar la realidad basta la voluntad del individuo extraordinario.
Expertos, comentaristas, académicos, periodistas que en otras coyunturas han examinado con claridad y conocimiento los vaivenes de la vida política de su país, hoy se encuentran en la más desconcertante oscuridad.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/07/opinion/025a2pol
