Los llamados intelectuales se producen y reproducen por camadas de distintas calidades, un grupo de ellos tras de otro.
No existe dicha oposición y menos que sea cruenta, declaman en voz de sus cajas de resonancia.
Para tal fin se utiliza toda la parafernalia de la comunicación moderna a su entera disponibilidad.
En el rejuego del convencimiento entran venerables templos de la academia, fundaciones de prestigio y organismos multilaterales.
Pintores, con sus coloridos murales plasmaron, en sugerentes imágenes de luchas entre opresores y sometidos, un prometedor futuro por construir.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/20/opinion/019a2pol
