Si al menos vienen 90 niños a entrenar, son 90 niños que les quitamos a las pandillas”, defiende el entrenador.
La mayoría, como Roberto, viene de la región del Chocó —al oeste de Colombia— empujado por una elección: exilio o muerte.
“Yo antes vivía en una selva de montes y caminos, ahora vivo en una selva de asfalto”, sonríe el entrenador.
En ella sonríe todo el equipo, incluido él mismo: Don Roberto Camacho, el entrenador.
Sin embargo, una cosa era ganar a su eterno rival, el Bahía Solano, y otra muy distinta ganarle a la guerra.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/07/29/planeta_futuro/1469785926_907682.html
