- Tres historias, tres vidas de adolescentes con discapacidad cognitiva abusadas que pudieron acceder a una interrupción del embarazo. Un sistema que aún niega la salud sexual de las personas con discapacidad, que es analizado por profesionales que trabajan para cambiar el modelo que excluye.
- — San Isidro: advierten que no se está garantizando el derecho al aborto en el Hospital Materno Infantil
Fernanda emerge desde una calle que parece hundida entre los árboles. Camina de la mano de su mamá. Se destaca con su ropa rosada y su sonrisa permanente. Cruza la calle. Las saludo a través de la ventana del bar de una estación de servicio donde acordamos encontrarnos. Es un día donde los 42° de temperatura se hacen sentir. Fernanda elije tomar helado, mientras su mamá Raquel me cuenta la historia que las tuvo como protagonistas en el año 2007, cuando en Argentina no había ley de aborto legal.
Fernanda de 37 años tiene una discapacidad intelectual. En sus primeros años de vida no caminaba. Raquel la crio junto a su prole de otras 10 hijas e hijos, en un barrio humilde, cercano a un basural, en una ciudad ubicada a 500 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires.
Cuando en 2007 Raquel hizo la denuncia judicial y fue al hospital a pedir que le hicieran un aborto a su hija que había sido abusada sexualmente le dijeron que sí, que volviera al otro día para concretar la práctica. Pero no, la realidad fue otra: aparecieron los objetores de conciencia, las dilaciones, las amenazas.
“Me corrieron por la calle y me gritaban cosas horribles”, recuerda Raquel, una mujer convencida de lo que hizo y lo que hace por esta hija, algo palpable en todo su relato, donde a veces le cuesta encontrar las palabras, pero cuando las encuentra, suenan potentes.
“A la jueza le dije: yo voy a hacer todo lo que pueda por mi hija, todo. Yo no voy a parar, no me importa que me miren, porque hay que ser fuerte. Porque si no te pisan la cabeza. Mire, hay gente que esconde estas cosas. Hay nenas de 12 años abusadas embarazadas. Yo no me callo”.
A la jueza le dije: yo voy a hacer todo lo que pueda por mi hija, todo. Yo no voy a parar, no me importa que me miren, porque hay que ser fuerte. Porque si no te pisan la cabeza. Mire, hay gente que esconde estas cosas. Hay nenas de 12 años abusadas embarazadas. Yo no me callo
Raquel — Mamá de una mujer con discapacidad intelectual
“Me sacaban fotos sin permiso. En la justicia me agredían porque decían que yo había llamado a los periodistas. Yo no llamé a nadie”, dice. Sí, porque también fue un escarnio mediático para ella y su hija. Por eso, sellamos un compromiso de que en esta crónica no aparecen sus nombres reales ni la ciudad donde viven.
Raquel no tenía dinero para ir en transporte cada día al juzgado, caminaba casi una hora de ida y una hora de vuelta desde y hacia su casa.
Mientras los días corrían, alguien llamó al progenitor para tratar de impedir el aborto: “Apareció de la nada. Nunca se hizo cargo de la hija, jamás. Yo lloraba sangre para pagar las cuentas. ¡Por favor! Si incluso siempre la negó. Fue increíble. Por supuesto, cuando vio que estaba todo muy feo, desapareció otra vez”, relata la mujer.
“Qué linda música”, dice de pronto Fernanda, e interrumpe amorosamente la charla, con su sonrisa contagiosa. Es que en el bar alguien armó una playlist alegre que invita a bailar.
¿Bailas?, pregunto. Ella se ríe, habla mucho, me cuesta interpretar sus palabras, pero se hace entender. Me cuenta: “Voy a la escuela, cocino, dibujo. Me enseñan a hacer las compras”.
“Es para que sea independiente”, agrega su mamá. Ellas se miran y ese cruce de miradas emociona.
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