El mundo afronta el enorme riesgo de asistir al despliegue de una tercera guerra mundial, y Europa, como en aquel terrible ayer, vuelve a presentársenos como ingobernable.
Pero se trató de sólo un prefacio, un adelanto sucinto de lo que le esperaba y espera a la Europa de la esperanza.
Todo se mueve y conmueve, mientras las camadas interminables de expulsados de sus territorios y formas de existencia redefinen la noción misma de asilo, refugio, no digamos fraternidad.
El orgulloso sentido común europeo, creado tras décadas de esfuerzo comunitario, de verse y ser vista como un lugar seguro y promisorio (algunos dijimos que como un auténtico proyecto civilizatorio), se desplomó este verano.
No fue un verano caliente más.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/04/opinion/015a1pol
