De hecho, el presidente filipino sigue contando con una tasa de aprobación de cerca el 90% después de arrasar en las elecciones celebradas en mayo.
Pero el presidente filipino ha dejado claro que no piensa abandonar su cruzada contra la droga y la delincuencia, ni tampoco sus métodos.
Sus detractores en Filipinas aseguran además que la campaña se centra en los pequeños repartidores de droga en vez de reunir esfuerzos contra los grandes narcotraficantes.
Según sus datos, las fuerzas de seguridad han abatido a 756 personas «que ofrecieron resistencia» durante varias operaciones antidroga.
Solamente las muertes de los agentes oficiales multiplican por diez los registros entre enero y junio, antes de la llegada de Duterte al poder.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/08/23/actualidad/1471947959_120093.html
