Si esta película hubiera fracasado, sus dos secuelas habrían sido lanzadas directamente en dvd porque a la distribuidora no le quedaba ni un dólar.
El actor Ian McKellen (izquierda) fue más barato y no se quejó de las eternas jornadas de rodaje, así que todos salieron ganando.
Para evitarlo intentaron fichar a una estrella como Sean Connery, atrayéndole con un sueldo mínimo pero un porcentaje del 15% sobre la recaudación de la película.
Todos menos Connery.
El escocés no vio el potencial taquillero de la saga, que sumado a la pereza que le daba pasarse un año entero rodando en Nueva Zelanda le llevó a rechazar esa comisión, que habría sido de casi 400 millones de euros.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/05/11/fotorrelato/1462967794_756095.html
