Ningún intento de afrontar la crispación difusa que recorre el país o de responder a las críticas que todos los días le hacen al gobierno.
Todo positivo; ninguna alusión a los gravísimos problemas vividos en ese lapso.
La relación del Presidente con la ciudadanía se funda en un modelo sustentado en la explotación mediática de los logros gubernamentales, incluso cuando éstos aún sean promesas por cumplir o buenos deseos.
La ausencia de un escenario abierto a la discusión franca sobre el país y sus graves problemas, en un sentido realmente democrático, crea incertidumbre y deslegitima la acción pública, siempre bajo sospecha.
Ese “silencio de Los Pinos, como lo llama la revista Nexos, define el momento y merece ser abordado como expresión de la crisis que recorre una forma de gobernar en decadencia.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/11/opinion/021a1pol
