Al año siguiente volvería a inspeccionar la cueva de Altamira, que había sido descubierta por azar una década antes.
Pero pronto relacionó aquellas pinturas con los objetos de arte mueble que había visto expuestos en París.
Pero ya era tarde para Sautuola y Vilanova, quienes, al menos en relación con Altamira, murieron en el más absoluto de los descréditos.
Este apoyaría las conclusiones de Sautuola y desde su posición académica sería el encargado de divulgar y defender ante la comunidad científica la autenticidad del arte rupestre.
Cuando se descubrió el arte parietal en cuevas francesas, las dudas desaparecieron y se presentaron las disculpas.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/04/06/actualidad/1459956298_941221.html
