Hacía nueve años que no veía a sus padres y Vianey se ha arreglado para la ocasión.
Junto a el, Adriana, venida desde Pasadena, se irrita: «Hay mucha sangre latina latiendo por su país, Señor Trump.
«Hemos conseguido que padres e hijos puedan abrazarse durante algunos minutos el día del niño, el 30 de abril.
Al otro lado se encuentra un parque abierto en Tijuana, donde desfilan mariachis, vendedores de helados y activistas.
Han viajado durante 22 horas por carretera, desde Durango, en México, para verla.
Fuente original: Reencuentros amargos en la frontera entre México y Estados Unidos | Internacional | EL PAÍS
