A veces me parece oír su voz… Oírlo vivo… Ni siquiera las fotografías me producen tanto efecto como la voz.
Las cuatro… Las cinco… Las seis… A las seis teníamos la intención de ir a ver a sus padres.
No solo yo, vinieron todas las mujeres, todas cuyos maridos habían estado aquella noche en la central.
Los médicos nos aseguraban, no sé por qué, que se habían envenenado con los gases, nadie hablaba de la radiación.
Yo siempre estaba al corriente: dónde se encontraba, qué le pasaba…En mitad de la noche oí un ruido.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/09/opinion/a05a1cul
