El primer encuentro de este pianista indígena con su instrumento fue a los cuatro años de edad, cuando espiaba durante horas a su padrino, Romayno Wheeler.
Todo comenzó cuando el que habría de ser su progenitor conoció a un artista extranjero que llegó a su comunidad, enclavada en la sierra Tarahumara.
La amistad entre ellos se hizo tan estrecha que el indígena rarámuri prometió al músico y etnomusicólogo estadunidense que bautizaría con su nombre al primero de sus hijos varones.
Pues aquel niño, nacido seis años después del primer encuentro entre ambos hombres, no sólo lleva el mismo nombre de pila que el músico, quien se convirtió en su padrino y mentor.
Foto cortesía del pianistaSu destino quedó signado desde antes de que naciera.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/09/11/pianista-tarahumara-deja-su-naturaleza-raramuri-en-cada-nota
