Sergio Ortega afirma que primero llegó la música y con ella su interés por saber cómo se hacían esos instrumentos.
Después se interesó en la jarana, comenta Sergio Ortega mientras da unos pasos hacia el interior de su hogar.
Por suerte no hay nada con que pueda tropezar en la terraza camino a la parte trasera, donde tiene un modesto taller.
A primera vista, los ojos del hombre parecen sanos, el iris se presenta nítido, luminoso, la esclerótica blanca, compacta como porcelana.
Los párpados muy abiertos…Espera de pie en el portón de su casa.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2015/10/16/en-mi-oficio-no-hay-teoria-sino-mucho-contacto-con-las-maderas-5784.html
