Todos los atropellos de un alto señor en un pequeño pueblo: Fuenteovejuna.
Los reyes católicos decidieron aprobar la muerte de aquel odioso tirano y aun recompensaron a Fuenteovejuna, pasándola a la jurisdicción real.
El mismo Fernández Álvarez aprecia esta crítica en la literatura de la pieza magistral del teatro español Fuenteovejuna.
Cuando el juez pesquisidor enviado por los reyes católicos intentó enterarse de quién había sido el matador, todos los vecinos –hombres, mujeres y niños– respondieron con esta única palabra: ¡Fuenteovejuna!
(Ver Fernández Á.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/18/opinion/a07a1cul
