“Se está viviendo una pesadilla”: Elizabeth, camarista de Juchitán, implora piedad al cártel que acribilló su casa
Hombres armados dispararon contra su vivienda tras exigirle un cuarto de millón de pesos que no tiene. “Han amenazado con nuestras hijas; somos gente pobre que vive al día”, relata entre sollozos.
Juchitán de Zaragoza, Oax. Elizabeth Romero García no llora por lo material; llora por el miedo a que el silencio de la noche se vuelva a romper con el estruendo del plomo. Ella trabaja de camarista, su esposo es cuetero. Rentan una pequeña casa en la octava sección. No tienen nada, pero el grupo que se identifica como “Los Michoacanos” les ha puesto un precio de 250 mil pesos por sus vidas.
El infierno de esta familia comenzó con un mensaje de texto. Al no poder cumplir con la cuota imposible, la respuesta llegó a la 1:30 de la madrugada del miércoles: hombres armados acribillaron la fachada de su hogar mientras Elizabeth, su esposo y sus hijas dormían.
La amenaza contra las hijas
Tras el tiroteo, los extorsionadores volvieron a escribir. Querían saber si el miedo era suficiente para pagar o si preferían «arreglarse» bajo sus términos. La amenaza escaló al punto más ruin de la criminalidad: si no hay dinero, se desquitarán con sus hijas menores de edad.
La Justicia que llega tarde
Hasta las 9:30 de la mañana del día siguiente al ataque, Elizabeth seguía esperando a las afueras del Ministerio Público. Los peritos de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO) no habían llegado. En Juchitán, la velocidad de los balazos supera por mucho la velocidad de los expedientes.
— «Apenas voy a poner mi denuncia ahorita, pero todavía no llegan».
AMI: El negocio del miedo y la vulnerabilidad
El caso de Elizabeth expone cómo el crimen organizado utiliza la extorsión dirigida para controlar territorios. Al atacar a una familia trabajadora que no tiene capital, el cártel envía un mensaje de terror a toda la comunidad.
“Deben poner más atención porque acá se está viviendo una pesadilla en Juchitán”, concluyó Elizabeth. Mientras tanto, la octava sección se sume en el miedo, esperando una respuesta del Estado que aún no llega.
