Con una caravana, baile, oración y testimonio, las comunidades de la Sierra Tarahumara en Chihuahua recordaron a los padres jesuitas asesinados hace dos años en la comunidad rarámuri de Cerocahui. La Compañía de Jesús exige una atención especial a la zona y solicita a la presidenta electa, Claudia Sheinbaum, retome el diálogo con la organización religiosa para reconstruir la paz y el tejido social en el país.
Texto y fotografías de Óscar Rosales
CHIHUAHUA.- Al padre jesuita Javier Campos Morales, “El Gallo”, se le recuerda como muy bromista, aunque un poco olvidadizo, era un hombre muy cariñoso que disfrutaba mucho cantar y el agua de toronja. Por otro lado, al padre Joaquín César Mora Salazar, “Morita”, se le describe como alguien bastante paciente, un sacerdote muy meticuloso, que tocaba la flauta y no perdía ninguna oportunidad de comer un filete empanizado.
Con sus diferencias, quien les conocieron concuerdan que a ambos les caracterizaba algo en común: su entrega por completo a los pueblos de la Sierra Tarahumara, hasta su último segundo de vida en la parroquia de la comunidad de Cerocahui, lugar donde fueron asesinados el 20 de junio del 2022.
Ese día también secuestraron a los hermanos Berrelleza, Paul y Armando. A Paul lo encontraron muerto el 7 de julio. Su hermano sigue vivo, pero ahora es testigo protegido.
Para conmemorar la obra y vida de los jesuitas originarios de Monterrey, personas indígenas y mestizas se reunieron durante la mañana del pasado miércoles 19 en la carretera de Pito Real, pueblo donde fueron encontrados sus cuerpos. Ahí, se bailó pascol y matachín, los bailes tradicionales del pueblo rarámuri.
Junto a las cruces de ellos se encuentra la de Pedro Eliodoro Palma Gutiérrez, el guía de turistas a quien los padres intentaron proteger José Noriel Portillo, alias “El Chueco”. El líder criminal del Cartel de Sinaloa estaba furioso porque un día antes perdió el equipo de beisbol al que patrocinaba. Noriel persiguió a Pedro hasta la parroquia de Cerocahui y fue ahí donde asesinó a los tres y se llevó los cuerpos. No fueron localizados hasta dos días después.
Después del baile y la oración en Pito Real, arrancó la segunda Caravana por la Paz, un esfuerzo colectivo que inició desde el año pasado para transformar el miedo y terror que vivió aquel día la Tarahumara, en amor y esperanza.
Encabezado por dos marcos con sus retratos, el recorrido cruzó por las comunidades de San Rafael y Bahuichivo, hasta llegar a la ermita de la Virgen de Guadalupe, poco antes de llegar a la comunidad de Cerocahui. En cada uno de esos lugares ubicados en el municipio de Urique, también se bailó pascol y matachín, se hicieron porras por los padres, y se cantó en honor a los jesuitas.
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