Pedro Matías
OAXACA, Oax. (pagina3.mx).- Un bebé recién nacido muerto y la madre con el hígado y riñones afectados por dejarle gasas en su interior, es el resultado de una cadena de negligencias médicas que motivaron a la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca a iniciar una queja en contra del personal del Centro de Salud de Acatlán de Pérez Figueroa y del Hospital de Tuxtepec.
Según el expediente de queja DDHPO/1428/(01)/OAX/2015, la Defensoría dictó medidas cautelares dirigidas a la Secretaría de Salud de Oaxaca para que rinda un informe detallado de sus actuaciones y proporcione los expedientes clínicos en los que se asienten los procedimientos médicos realizados a la afectada.
De entrada, la Defensoría dictó medidas cautelares dirigidas a la Secretaría de Salud de Oaxaca para que personal del Hospital Civil atienda en forma satisfactoria, eficaz y oportuna a la mujer que parió, a fin de garantizar la protección de su vida y poder restaurar su salud.
Los familiares pidieron se realice una investigación por el tratamiento médico “inadecuado” que le dieron a la mujer que operaron dos veces porque “le dejaron gasas en su interior”, presenta daño en hígado y riñones por posible descuido y lo más grave que perdió a su bebé
El esposo de María declaró que el pasado 12 de septiembre de este año acudió al Centro de Salud de la comunidad de Acatlán de Pérez Figueroa, debido a que su mujer, ya cerca de terminar de su embarazo, presentaba síntomas de fiebre.
Sin embargo, una doctora de la clínica, después de revisar a la paciente, señaló que todo estaba bien con el bebé, pero que necesitaba atender la fiebre de la madre, para lo cual le administró un tratamiento.
Debido a que el tratamiento no funcionó, la doctora de la clínica de Acatlán dictaminó que la paciente debía ser trasladada al Hospital General de Tuxtepec, por lo que fue enviada en ambulancia. Durante el viaje se quejaba de dolor de huesos, pero no presentaba contracciones, comentó su esposo.
Al llegar al hospital de Tuxtepec, su esposa fue recibida en urgencias, donde después de revisarla le dijeron que ella y el bebé se encontraban bien, únicamente le dieron dos pastillas; sin embargo, después de ingerirlas comenzó a sentir dolores de parto y solicitaron el apoyo del personal médico, quien se negó a atenderla.
Fue hasta las dos de la madrugada del domingo 13 de septiembre, cuando los médicos le pidieron su autorización para operar de emergencia a su esposa porque debían extraerle el útero con urgencia porque presentaba sangrado abundante.
Además, el personal del hospital le informó que su bebé no podía respirar y estaba grave, aunque al hablar con su esposa, ésta le dijo que era falso que el bebé tuviera complicaciones porque ya estaba muerto, pues como ella nunca perdió la conciencia durante el parto, pudo darse cuenta de ese detalle.
El solicitante indicó que, tras esta conversación, su esposa fue intervenida quirúrgicamente y hora y media después de concluida esa operación, fue llamado por los médicos para informarle que necesitaban operarla de nuevo, porque el sangrado no paraba y –según una doctora– le habían dejado gasas en sus órganos internos.
El cónyuge explicó que a las 11:00 horas del 13 de septiembre fue informado de que su esposa estaba fuera de peligro y la habían trasladado a terapia intensiva. Le permitieron verla, pero aunque ella estaba consciente, no pudo hablarle por estar conectada a aparatos quirúrgicos.
Posteriormente, los médicos le comunicaron que la paciente debía ser trasladada al Hospital Civil de la ciudad de Oaxaca por la gravedad de su condición, lugar donde le informaron que María estaba grave y con afectaciones en hígado y riñones, por lo que fue internada en terapia intensiva para estabilizarla.
